jueves, 19 de marzo de 2026

El fin de las monodosis en hoteles: rediseñar la experiencia en la era post-envase

La sostenibilidad ha dejado de ser, en hospitality, una capa de discurso para convertirse en una cuestión profundamente operativa. Durante años, la conversación se ha centrado en la reducción del plástico, en pequeños gestos visibles —la eliminación de pajitas, la sustitución de botellas— que, aunque relevantes, no cuestionaban el modelo de fondo.

Sin embargo, la entrada en escena del Reglamento (UE) 2025/40 de envases y residuos de envases introduce una ruptura más silenciosa y, a la vez, más estructural: obliga a repensar no sólo los materiales, sino la propia lógica del envase en los servicios cotidianos en el sector hotelero.

Porque el problema nunca fue únicamente el plástico.
 

Más allá del material: una cuestión de sistema

En el trasfondo de esta regulación subyace una realidad menos visible: los sistemas actuales de clasificación de residuos no están diseñados para capturar envases de pequeño formato. Las monodosis —tan presentes en amenities o en los buffets de desayuno— escapan literalmente de los procesos de separación y terminan clasificadas como rechazo.

No es, por tanto, un problema exclusivamente de sostenibilidad “material”, sino de ineficiencia sistémica. Y cuando el sistema falla, la solución no puede limitarse a sustituir un envase por otro, debe rediseñarse el conjunto.

 

De objeto a servicio, el nuevo paradigma operativo

En este contexto, el hotel deja de gestionar productos individuales para gestionar sistemas. Ya no se trata de reponer unidades sino de mantener circuitos de dispensación, de garantizar higiene sin sacrificar experiencia, de integrar soluciones en el espacio.

Este desplazamiento, aparentemente técnico, tiene una consecuencia directa: el diseño pasa a ocupar un lugar central en la operación.

 

Habitaciones: cuando el baño se convierte en interfaz

El cambio más visible se produce en las habitaciones. Allí donde antes se acumulaban pequeñas botellas alineadas —símbolo casi universal de la hospitalidad—, aparecen ahora sistemas de dispensación integrados. 

Grupos como Meliá Hotels International o IHG Hotels & Resorts han avanzado en esta dirección, sustituyendo progresivamente las miniaturas por dispensadores recargables que, lejos de ser una solución improvisada, empiezan a formar parte del lenguaje espacial del baño.

 


Cuando la transición se resuelve de forma superficial, el resultado es evidente: dispositivos plásticos, poco integrados, que transmiten una sensación de recorte. Pero cuando el diseño acompaña, ocurre algo distinto.

El dispensador deja de ser un sustituto y se convierte en una pieza más del interiorismo: materiales nobles, acabados coherentes, sistemas discretos de recarga. En ese punto, la percepción del cliente cambia. Ya no se pierde algo; se transforma.
 

Cosmética, identidad y narrativa

Este desplazamiento ha abierto, además, una oportunidad inesperada. Al abandonar el modelo de monodosis, muchos hoteles están revisando también el contenido: fórmulas más naturales, ausencia de siliconas o parabenos, y una mayor coherencia con el posicionamiento de marca.

 
 
 
 


Firmas como Rituals o L'Occitane han encontrado en este contexto un espacio natural en hospitality, donde el producto deja de ser un coste invisible para convertirse en una extensión de la experiencia.

El envase se reduce, pero el relato crece.


Resorts familiares: diseñar para la intuición

En los resorts familiares, la ecuación incorpora una variable adicional: la usabilidad. Aquí, el diseño no sólo debe ser sostenible y estético, sino también intuitivo.

En cadenas como Iberostar Group, el despliegue de dispensadores se acompaña de decisiones aparentemente pequeñas pero decisivas: alturas accesibles, mecanismos fáciles de accionar, iconografía clara. Elementos que facilitan el uso autónomo por parte de niños y reducen fricciones en la experiencia familiar.

Porque en este contexto, cualquier complejidad innecesaria se multiplica.


El buffet como territorio crítico

Si el baño es el espacio más visible del cambio, el buffet es, sin duda, el más complejo.

Durante décadas, el modelo de desayuno se ha apoyado en la eficiencia de la monodosis: control de porciones, higiene garantizada, reposición sencilla. Su desaparición obliga a replantear todo el sistema.

 


Cadenas como NH Hotel Group comenzaron a sustituir los envases individuales por dispensadores, tarros de mayor formato o estaciones asistidas. Pero cada una de estas soluciones introduce nuevos desafíos.

La higiene deja de estar encapsulada en el envase y pasa a depender del sistema. La estética se vuelve más frágil, más dependiente del mantenimiento constante. La percepción del cliente, siempre sensible en alimentación, puede oscilar entre lo “artesanal” y lo “descuidado” en cuestión de horas.

Aquí, más que en ningún otro espacio, el diseño se convierte en disciplina operativa.

 


 

Entre eficiencia y percepción

El paso al “granel” introduce además tensiones menos visibles. La ausencia de dosis cerrada puede derivar en un mayor consumo; la limpieza exige protocolos más estrictos; la reposición, más atención.

Sin embargo, también abre posibilidades: mayor calidad de producto, reducción de residuos, y una estética más alineada con valores contemporáneos.

La cuestión no es si el sistema es mejor o peor, es cómo se diseña y se gestiona.


Una nueva economía del detalle

Desde el punto de vista económico, el cambio no es lineal. La reducción de unidades y logística convive con la inversión en sistemas, diseño y producto. Se produce un desplazamiento: del gasto invisible y recurrente a la inversión estructural.

Pero en ese desplazamiento aparece algo más interesante: la posibilidad de convertir un elemento funcional en un activo de marca.
 

Diseñar la transición

Lo que plantea el nuevo marco normativo no es una simple adaptación, sino una transición cultural dentro del hospitality. Los hoteles ya no pueden limitarse a “cumplir” con la eliminación de las monodosis. Deben decidir cómo hacerlo.

Algunos optarán por soluciones mínimas, centradas en el cumplimiento. Otros aprovecharán para optimizar su operación. Y unos pocos entenderán que este cambio es, en realidad, una oportunidad para redefinir su experiencia.


Cuando la restricción se convierte en proyecto

La desaparición de las monodosis no es una tendencia ni una moda pasajera, es la consecuencia de un sistema que no funcionaba y de una regulación que obliga a repensarlo.

En ese contexto, el diseño —entendido no como estética, sino como integración de procesos, objetos y experiencia— se convierte en la herramienta clave para dar respuesta.

Porque, al final, no se trata de eliminar envases, se trata de rediseñar cómo se cuidan los detalles.


lunes, 16 de marzo de 2026

El valor del residuo

Cuando el diseño transforma los desechos en cultura material. La nueva narrativa del diseño sostenible.

En los últimos años, el discurso del diseño ha empezado a desplazarse desde la forma hacia el origen de los materiales. La pregunta ya no es únicamente cómo se diseña un objeto, sino de qué está hecho, quién lo produce y qué historia contiene.

En este contexto, el trabajo del diseñador español Álvaro Catalán de Ocón se ha convertido en uno de los ejemplos más interesantes de lo que algunos han llamado diseño humanitario o diseño sostenible con dimensión social.

 


 

Su proyecto PET Lamp, iniciado en 2011–2012, surgió como respuesta a la problemática global del plástico PET, un material de corta vida útil y larga degradación, al transformarlo en una lámpara funcional y culturalmente significativa.

Más que un simple ejercicio de reciclaje, el proyecto plantea una reflexión profunda sobre materialidad, producción y valor cultural del objeto. Cada colección de PET Lamp no sólo reutiliza materiales, sino que integra la cosmovisión y técnicas ancestrales de las comunidades con las que colabora; desde Colombia hasta Ghana o Tailandia, refleja patrones, materiales y estéticas locales. 

Con gran repercusión, estas lámparas han sido exhibidas en museos internacionales como el London Design Museum o el Victoria & Albert Museum en Londres, así como en el Design Museum Barcelona o el Centre Pompidou en París, lo que da mayor peso a la valoración del proyecto como pieza de diseño contemporáneo relevante.

 

El material como punto de partida

El origen de estas lámparas es un objeto cotidiano: la botella de plástico PET. Un material diseñado para un uso efímero, pero cuya huella ambiental puede prolongarse durante décadas.

Durante un viaje a Colombia en 2011, Catalán de Ocón observó el impacto de estos residuos en el territorio y decidió abordarlo desde el diseño. La solución fue sencilla y radical a la vez: convertir la botella en la estructura del objeto.

El cuello de la botella actúa como soporte del sistema eléctrico y el cuerpo recortado sirve de base para tejer la pantalla con fibras naturales.

Con más de 20.000 botellas transformadas hasta 2022, a PET Lamp le siguieron Gurunsi -inspirado en la tradición de tejidos de Ghana, combina fibras locales y plástico PET para crear lámparas con una fuerte presencia escultórica- e Ibisi -una colección fruto de la colaboración con artesanos de Ruanda que reinterpreta la cestería Uruhindu mediante estructuras de bambú reforzadas con tiras recicladas de PET-.


 



 


 

Este gesto introduce una idea clave del diseño contemporáneo: el residuo no es el final de un objeto, sino el inicio de otro ciclo material.

El resultado es una colección de objetos que comparten un mismo principio constructivo pero que nunca son exactamente iguales.

La producción se sitúa así en un territorio híbrido entre serie industrial y pieza artesanal, donde la variación se convierte en parte del valor del objeto.

 

Más allá de la lámpara: el diseño circular

El interés por los materiales reciclados no se limita a proyectos experimentales o piezas de galería.

Cada vez más diseñadores y fabricantes exploran nuevas posibilidades para reutilizar plásticos, metales o residuos industriales en la producción de mobiliario y objetos domésticos.


Sillas fabricadas con plástico recuperado, estructuras impresas en 3D a partir de residuos o composites derivados de botellas recicladas forman parte de un campo emergente: la nueva materialidad del diseño circular.

En este contexto, el residuo deja de ser un problema para convertirse en materia prima de la innovación.

 

Diseño, mercado y viabilidad

El diseño sostenible suele enfrentarse a una pregunta inevitable: ¿puede ser económicamente viable?

Paradójicamente, el material reciclado no siempre reduce el coste final del producto. En muchos casos, el factor determinante es la mano de obra especializada y el tiempo necesario para los procesos artesanales.

Por esta razón, proyectos como PET Lamp suelen posicionarse en un mercado de diseño contemporáneo o colección, donde el valor del objeto no reside únicamente en su función.

Lo que el usuario adquiere no es solo una lámpara, sino también una historia: reutilización de materiales, preservación de técnicas artesanales, colaboración cultural entre territorios, diseño contemporáneo con impacto social.

 

Repensar el objeto

Quizá el verdadero interés de estos proyectos no radica únicamente en su estética o en su proceso productivo. Su aportación más relevante es conceptual.

Durante gran parte del siglo XX, el diseño industrial se centró en producir más objetos, más rápido y a menor coste.

El diseño contemporáneo empieza a plantear otra pregunta: ¿qué tipo de objetos merece la pena producir?

En esta nueva perspectiva, el diseñador deja de ser únicamente un creador de formas, se convierte también en un mediador entre materiales, territorios, cultura y sostenibilidad.

Y quizá ahí resida el verdadero potencial del diseño sostenible: no sólo reciclar objetos, sino repensar el sistema que los produce.

 

En un momento histórico donde la sostenibilidad se reclama, pocas veces se practica con decisión. Proyectos como PET Lamp muestran que el verdadero diseño sostenible no es sólo una cuestión de materiales o procesos productivos, es una ética del hacer que pone en diálogo memoria, cultura y futuro.

 

 

Cuando las piezas encajan. Mi visión del diseño desde mi nueva realidad

Recupero este blog para compartir cómo mi mirada sobre el diseño ha evolucionado: materiales, procesos, sostenibilidad y la relación entre tradición y contemporaneidad.

Hay textos que no se escriben para ser leídos, se escriben para entender en qué punto estás.

En 2012 publiqué la primera entrada de este blog. No había estrategia, ni posicionamiento, ni una línea editorial clara. Sólo una necesidad: mantenerme cerca del diseño en un momento en el que, profesionalmente, me sentía desconectada.

Hablaba de incertidumbre, de una formación amplia pero difusa, de esa sensación de ser “aprendiz de todo, maestro de nada”. Y, sobre todo, de la necesidad de seguir vinculada a aquello que realmente me interesaba.

Han pasado años.

Hoy vuelvo a este mismo espacio desde otro lugar. Con más experiencia, más criterio… y también con nuevas preguntas.

El diseño ya no me interesa solo como disciplina, sino como sistema: materiales, procesos, sostenibilidad, contexto, impacto.

Este blog retoma ahora su recorrido con esa mirada. No como un archivo de ideas, sino como un espacio para pensar el diseño desde la materialidad y su relación con la arquitectura, el hospitality y la cultura contemporánea.

Recupero aquella primera entrada no como un punto de partida, sino como un recordatorio. A veces no se trata de empezar de nuevo, sino de continuar con más conciencia.

https://amalgamadediseno.blogspot.com/2012/06/el-porque-de-mi-blog.html