miércoles, 1 de abril de 2026

Hospitality de precisión: la tecnología y la nueva eficiencia operativa en los hoteles

Cuando un huésped entra en la habitación de un hotel, lo que percibe es confort: una cama impecable, una ducha caliente, iluminación adecuada y un desayuno disponible a la mañana siguiente.

El sector hotelero se percibe habitualmente como una industria centrada en la experiencia, el descanso y la hospitalidad. Sin embargo, detrás de cada estancia existe una operativa compleja que consume grandes cantidades de recursos: agua, energía, textiles, alimentos y logística.

Lo que permanece invisible es la infraestructura que hace posible esa experiencia.

Un hotel urbano de tamaño medio puede utilizar más de 14 millones de litros de agua al año, procesar más de 130 toneladas de textiles, generar decenas de toneladas de residuos y emitir más de 700 toneladas de CO2

En los últimos años, la sostenibilidad se ha convertido en una prioridad creciente para el sector Hospitality, pero el verdadero reto no consiste únicamente en introducir medida visibles, como la reducción del plástico o invitar al huésped a reutilizar sus toallas. El desafío es mucho más profundo: transformar la operación hotelera para que sea más eficiente, más circular y menos intensiva en recursos, sin comprometer la experiencia del huésped.

En este contexto, la tecnología comienza a desempeñar un papel decisivo.




La huella de carbono en Hospitality


La huella de carbono es el indicador que permite medir el impacto ambiental de una actividad, expresado en emisiones de dióxido de carbono equivalente (CO2e).

En hotelería se calcula habitualmente por habitación ocupada y por noche. Los valores varían según el tipo de establecimiento:
  • Hoteles limitados: entre 10 y 16 Kg de CO2 por habitación ocupada
  • Hoteles urbanos con restauración: entre 18 y 25 Kg
  • Hoteles full service: entre 28 y 35 Kg
  • Resorts de lujo: hasta 60 Kg de CO2 por estancia
Esto significa que un hotel de tamaño medio puede generar más de 700 toneladas de emisiones de CO2 al año, dependiendo de su ocupación y servicios.

Las principales fuentes de emisiones en un hotel son:
  • Consumo energético del edificio
  • Producción de agua caliente
  • Lavandería
  • Restauración
  • Gestión de residuos
  • Transporte y logística
Comprender esta huella es el primer paso para poder reducirla.




Experiencia, impacto y responsabilidad operativa


El sector hospitality existe para crear experiencias. Viajar, descansar, descubrir destinos o compartir tiempo con otras personas forma parte de algo profundamente humano. Disfrutar de una habitación confortable, una ducha relajante o un desayuno abundante no es un exceso; es, precisamente, la esencia de la hospitalidad.

Sin embargo, como cualquier actividad económica, esa experiencia tiene un coste material. Energía, agua, alimentos, textiles o productos de limpieza, forman parte de la infraestructura invisible que sostiene la estancia del huésped.

El objetivo no debería ser cuestionar la existencia de estas experiencias, sino cómo se producen.

En muchos destinos turísticos comienzan a aparecer señales que invitan a reflexionar sobre ello. Episodios de estrés hídrico, restricciones puntuales en el uso del agua o mayores exigencias regulatorias en materia energética están llevando al sector a replantearse su modelo operativo.

En este contexto, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión reputacional para convertirse en una cuestión estratégica y de resiliencia empresarial.

Anticiparse a futuras restricciones, optimizar el uso de recursos y reducir el impacto ambiental no implica necesariamente ofrecer menos hospitalidad, sino hacerla más inteligente. Y es precisamente aquí donde la tecnología, el análisis de datos y los nuevos modelos operativos empiezan a desempeñar un papel determinante.


El gran dilema: sostenibilidad vs percepción del huésped


Aquí aparece una de las tensiones más interesantes del sector.

Muchas estrategias de sostenibilidad se perciben por el cliente como reducción de servicio. Por ello, la sostenibilidad sólo funciona cuando el cliente la percibe como valor, innovación o mejora de experiencia, y no como una limitación.


El impacto operativo de un hotel


Para comprender mejor la magnitud del impacto operativo de un hotel y el potencial de mejora que ofrecen las nuevas tecnologías, resulta útil comparar un modelo de operación convencional con uno optimizado mediante soluciones de eficiencia energética, gestión inteligente del agua, reducción del desperdicio alimentario y optimización de lavandería.

En muchos establecimientos, servicios como la lavandería están externalizados a proveedores especializados, por los que su impacto ambiental se contabiliza habitualmente como emisiones indirectas dentro de la cadena de suministro. Sin embargo, las decisiones operativas del hotel -frecuencia de cambio de textiles, volumen de ropa o selección de proveedores- siguen influyendo de forma directa en la magnitud de ese impacto.


Modelo convencional vs optimizado con tecnología



Estos datos muestran que la sostenibilidad en Hospitality no depende únicamente de cambios visibles para el huésped.

Gran parte del impacto ambiental de un hotel se genera en procesos operativos que permanecen fuera de la experiencia directa del cliente: climatización, lavandería, producción de alimentos o gestión del agua.

Precisamente por eso, la tecnología y el análisis de datos se están convirtiendo en herramientas clave para transformar la operación hotelera hacia modelos más eficientes y sostenibles.


Casos reales del sector hotelero


Diversas cadenas hoteleras están explorando modelos diferentes para integrar sostenibilidad y eficiencia operativa.

La cadena Six Senses ha desarrollado un enfoque de lujo sostenible en el que la sostenibilidad forma parte de la propia experiencia del huésped. Sus resorts incorporan agricultura orgánica, reciclaje de materiales y eliminación de plásticos de un solo uso, además de espacios educativos dedicados a la economía circular.




Por su parte, la cadena escandinava Scandic Hotels ha construido su estrategia sobre la medición sistemática de su impacto ambiental. Desde los años noventa ha logrado reducir significativamente su consumo de agua y energía por huésped, así como sus emisiones de CO2.




En otro contexto, el grupo Oberoi Hotels ha anunciado el objetivo de reciclar el 100% de sus aguas residuales en sus propiedades antes de 2030, integrando sistemas avanzados de tratamiento y reutilización de agua.
Uno de los ejemplos más significativos de optimización de recursos en el sector hotelero es el programa de eficiencia hídrica desarrollado por Marriott International, una de las mayores cadenas hoteleras del mundo.

A través de la colaboración con la empresa Ecolab, la compañía implementó sistemas de monitorización y optimización del consumo de agua en múltiples propiedades. Estas tecnologías permiten controlar y ajustar procesos como torres de refrigeración, sistemas de climatización y tratamiento de agua.

El resultado ha sido una reducción muy significativa del consumo de agua en la operación global de la cadena, alcanzando 3.340 millones de litros de agua ahorrados anualmente en sus hoteles.





La cadena hotelera española Iberostar Hotels & Resorts ha desarrollado uno de los proyectos más avanzados de gestión del desperdicio alimentario en Hospitality.

Dentro de su estrategia de sostenibilidad denominada Wave of Change, la compañía ha implementado sistemas basados en inteligencia artificial en decenas de sus hoteles para analizar el desperdicio generado en cocinas y buffets.

Estas herramientas registran automáticamente los alimentos descartados y generan datos que permiten a los equipos de cocina ajustar producción, compras y planificación de menús.

Los resultados han sido significativos:
  • Reducción del desperdicio alimentario del 28% en hoteles donde se implementó la tecnología;
  • Ahorro estimado de 1,5 millones de comidas al año;
  • Reducción aproximada de 2.500 toneladas de CO2 anuales asociadas al desperdicio alimentario;
Más allá del ámbito de la restauración, Iberostar ha desarrollado una estrategia integral de sostenibilidad basada en economía circular, gestión del agua y reducción de emisiones.

Dentro de esta estrategia, el grupo ha conseguido reducir un 12% sus emisiones globales de alcance 1 (emisiones directas de fuentes propias) y 2 (emisiones indirectas por la compra de energía y consumida), integrando medidas como eficiencia energética, eliminación de plásticos de un solo uso y proyectos de restauración de ecosistemas costeros.

La iniciativa también incluye programas de economía circular orientados a minimizar residuos, prolongar la vida útil de materiales y transformar el modelo operativo de los hoteles hacia un sistema regenerativo.




Estos casos muestran que la sostenibilidad en Hospitality ya no se limita a gestos simbólicos o acciones aisladas. Cada vez más cadenas hoteleras están incorporando tecnología, análisis de datos y modelos de economía circular para transformar su operación diaria y reducir su impacto ambiental sin comprometer la experiencia del huésped.


Hacia una hospitalidad de precisión


La evolución tecnológica está transformando el hotel en un sistema cada vez más capaz de medir, analizar y optimizar su funcionamiento en tiempo real.

Este enfoque podría definirse como una forma de hospitalidad de precisión, en la que cada recurso se utiliza de manera más eficiente sin comprometer la experiencia del huésped.

La sostenibilidad en Hospitality no consiste necesariamente en ofrecer menos servicio. El verdadero objetivo es ofrecer el mismo nivel de hospitalidad con un impacto ambiental significativamente menor.

En este sentido, la tecnología no sustituye la esencia de la hospitalidad, al contrario, puede convertirse en una herramienta clave para preservarla en un contexto donde los recursos naturales son cada vez más limitados.

Cuando se integra adecuadamente en la operación hotelera, la sostenibilidad puede convertirse en algo casi invisible para el huésped. Sin embargo, su impacto sobre el medio ambiente y sobre la eficiencia del hotel puede ser enorme.


jueves, 19 de marzo de 2026

El fin de las monodosis en hoteles: rediseñar la experiencia en la era post-envase

La sostenibilidad ha dejado de ser, en hospitality, un discurso para convertirse en una cuestión profundamente operativa. Durante años, la conversación se ha centrado en la reducción del plástico, en pequeños gestos visibles —la eliminación de pajitas, la sustitución de botellas— que, aunque relevantes, no cuestionaban el modelo de fondo.

Sin embargo, la entrada en escena del Reglamento (UE) 2025/40 de envases y residuos de envases introduce una ruptura más silenciosa y, a la vez, más estructural: obliga a repensar no sólo los materiales, sino la propia lógica del envase en los servicios cotidianos en el sector hotelero.

Porque el problema nunca fue únicamente el plástico. 


La escala invisible del problema

Más allá de la percepción cotidiana, el impacto de los pequeños envases en hospitality adquiere otra dimensión cuando se observa en cifras.

En Europa, se generan más de 80 millones de toneladas de residuos de envases al año, según la European Environment Agency. Dentro de este volumen, los envases de pequeño formato, como amenities o monodosis alimentarias, representan una fracción especialmente problemática. No tanto por su volumen individual, sino por su comportamiento en el sistema.

Los procesos de clasificación mecánica no están diseñados para capturar elementos de reducido tamaño, que atraviesan los sistemas de separación sin ser identificados por material. El resultado es que una parte significativa de estos envases, aunque técnicamente reciclables, termina siendo tratada como rechazo.

Si se traslada esta lógica al ámbito hotelero, la magnitud se vuelve más tangible. Un hotel medio puede generar del orden de 25.000 a 30.000 pequeños envases al año. Extrapolado al conjunto del sector en España, esto supone cientos de millones de unidades anuales y varios miles de toneladas de residuos. A escala europea, la cifra se eleva a decenas de miles de toneladas.

Algunos grupos internacionales ya han empezado a dimensionar este impacto. IHG Hotels & Resorts estima que la eliminación de miniaturas en sus establecimientos evita el uso de más de 200 millones de botellas cada año.

 

Más allá del material: una cuestión de sistema

En el trasfondo de esta regulación subyace una realidad menos visible: los sistemas actuales de clasificación de residuos no están diseñados para capturar envases de pequeño formato. Las monodosis —tan presentes en amenities o en los buffets de desayuno— escapan literalmente de los procesos de separación y terminan clasificadas como rechazo.

No es, por tanto, un problema exclusivamente de sostenibilidad “material”, sino de ineficiencia sistémica. Y cuando el sistema falla, la solución no puede limitarse a sustituir un envase por otro, debe rediseñarse el conjunto.

 

De objeto a servicio, el nuevo paradigma operativo

En este contexto, el hotel deja de gestionar productos individuales para gestionar sistemas. Ya no se trata de reponer unidades sino de mantener circuitos de dispensación, de garantizar higiene sin sacrificar experiencia, de integrar soluciones en el espacio.

Este desplazamiento, aparentemente técnico, tiene una consecuencia directa: el diseño pasa a ocupar un lugar central en la operación.

 

Habitaciones: cuando el baño se convierte en interfaz

El cambio más visible se produce en las habitaciones. Allí donde antes se acumulaban pequeñas botellas alineadas —símbolo casi universal de la hospitalidad—, aparecen ahora sistemas de dispensación integrados. 

Grupos como Meliá Hotels International o IHG Hotels & Resorts han avanzado en esta dirección, sustituyendo progresivamente las miniaturas por dispensadores recargables que, lejos de ser una solución improvisada, empiezan a formar parte del lenguaje espacial del baño.

 


Cuando la transición se resuelve de forma superficial, el resultado es evidente: dispositivos plásticos, poco integrados, que transmiten una sensación de recorte. Pero cuando el diseño acompaña, ocurre algo distinto.

El dispensador deja de ser un sustituto y se convierte en una pieza más del interiorismo: materiales nobles, acabados coherentes, sistemas discretos de recarga. En ese punto, la percepción del cliente cambia. Ya no se pierde algo; se transforma.
 

Cosmética, identidad y narrativa

Este desplazamiento ha abierto, además, una oportunidad inesperada. Al abandonar el modelo de monodosis, muchos hoteles están revisando también el contenido: fórmulas más naturales, ausencia de siliconas o parabenos, y una mayor coherencia con el posicionamiento de marca.

 
 
 
 


Firmas como Rituals o L'Occitane han encontrado en este contexto un espacio natural en hospitality, donde el producto deja de ser un coste invisible para convertirse en una extensión de la experiencia.

El envase se reduce, pero el relato crece.


Resorts familiares: diseñar para la intuición

En los resorts familiares, la ecuación incorpora una variable adicional: la usabilidad. Aquí, el diseño no sólo debe ser sostenible y estético, sino también intuitivo.

En cadenas como Iberostar Group, el despliegue de dispensadores se acompaña de decisiones aparentemente pequeñas pero decisivas: alturas accesibles, mecanismos fáciles de accionar, iconografía clara. Elementos que facilitan el uso autónomo por parte de niños y reducen fricciones en la experiencia familiar.

Porque en este contexto, cualquier complejidad innecesaria se multiplica.


El buffet como territorio crítico

Si el baño es el espacio más visible del cambio, el buffet es, sin duda, el más complejo.

Durante décadas, el modelo de desayuno se ha apoyado en la eficiencia de la monodosis: control de porciones, higiene garantizada, reposición sencilla. Su desaparición obliga a replantear todo el sistema.

 


Cadenas como NH Hotel Group comenzaron a sustituir los envases individuales por dispensadores, tarros de mayor formato o estaciones asistidas. Pero cada una de estas soluciones introduce nuevos desafíos.

La higiene deja de estar encapsulada en el envase y pasa a depender del sistema. La estética se vuelve más frágil, más dependiente del mantenimiento constante. La percepción del cliente, siempre sensible en alimentación, puede oscilar entre lo “artesanal” y lo “descuidado” en cuestión de horas.

Aquí, más que en ningún otro espacio, el diseño se convierte en disciplina operativa.

 


 

Entre eficiencia y percepción

El paso al “granel” introduce además tensiones menos visibles. La ausencia de dosis cerrada puede derivar en un mayor consumo; la limpieza exige protocolos más estrictos; la reposición, más atención.

Sin embargo, también abre posibilidades: mayor calidad de producto, reducción de residuos, y una estética más alineada con valores contemporáneos.

La cuestión no es si el sistema es mejor o peor, es cómo se diseña y se gestiona.


Una nueva economía del detalle

Desde el punto de vista económico, el cambio no es lineal. La reducción de unidades y logística convive con la inversión en sistemas, diseño y producto. Se produce un desplazamiento: del gasto invisible y recurrente a la inversión estructural.

Pero en ese desplazamiento aparece algo más interesante: la posibilidad de convertir un elemento funcional en un activo de marca.
 

Diseñar la transición

Lo que plantea el nuevo marco normativo no es una simple adaptación, sino una transición cultural dentro del hospitality. Los hoteles ya no pueden limitarse a “cumplir” con la eliminación de las monodosis. Deben decidir cómo hacerlo.

Algunos optarán por soluciones mínimas, centradas en el cumplimiento. Otros aprovecharán para optimizar su operación. Y unos pocos entenderán que este cambio es, en realidad, una oportunidad para redefinir su experiencia.


Cuando la restricción se convierte en proyecto

La desaparición de las monodosis no es una tendencia ni una moda pasajera, es la consecuencia de un sistema que no funcionaba y de una regulación que obliga a repensarlo.

En ese contexto, el diseño —entendido no como estética, sino como integración de procesos, objetos y experiencia— se convierte en la herramienta clave para dar respuesta.

Porque, al final, no se trata de eliminar envases, se trata de rediseñar cómo se cuidan los detalles.


lunes, 16 de marzo de 2026

El valor del residuo

Cuando el diseño transforma los desechos en cultura material. La nueva narrativa del diseño sostenible.

En los últimos años, el discurso del diseño ha empezado a desplazarse desde la forma hacia el origen de los materiales. La pregunta ya no es únicamente cómo se diseña un objeto, sino de qué está hecho, quién lo produce y qué historia contiene.

En este contexto, el trabajo del diseñador español Álvaro Catalán de Ocón se ha convertido en uno de los ejemplos más interesantes de lo que algunos han llamado diseño humanitario o diseño sostenible con dimensión social.

 


 

Su proyecto PET Lamp, iniciado en 2011–2012, surgió como respuesta a la problemática global del plástico PET, un material de corta vida útil y larga degradación, al transformarlo en una lámpara funcional y culturalmente significativa.

Más que un simple ejercicio de reciclaje, el proyecto plantea una reflexión profunda sobre materialidad, producción y valor cultural del objeto. Cada colección de PET Lamp no sólo reutiliza materiales, sino que integra la cosmovisión y técnicas ancestrales de las comunidades con las que colabora; desde Colombia hasta Ghana o Tailandia, refleja patrones, materiales y estéticas locales. 

Con gran repercusión, estas lámparas han sido exhibidas en museos internacionales como el London Design Museum o el Victoria & Albert Museum en Londres, así como en el Design Museum Barcelona o el Centre Pompidou en París, lo que da mayor peso a la valoración del proyecto como pieza de diseño contemporáneo relevante.

 

El material como punto de partida

El origen de estas lámparas es un objeto cotidiano: la botella de plástico PET. Un material diseñado para un uso efímero, pero cuya huella ambiental puede prolongarse durante décadas.

Durante un viaje a Colombia en 2011, Catalán de Ocón observó el impacto de estos residuos en el territorio y decidió abordarlo desde el diseño. La solución fue sencilla y radical a la vez: convertir la botella en la estructura del objeto.

El cuello de la botella actúa como soporte del sistema eléctrico y el cuerpo recortado sirve de base para tejer la pantalla con fibras naturales.

Con más de 20.000 botellas transformadas hasta 2022, a PET Lamp le siguieron Gurunsi -inspirado en la tradición de tejidos de Ghana, combina fibras locales y plástico PET para crear lámparas con una fuerte presencia escultórica- e Ibisi -una colección fruto de la colaboración con artesanos de Ruanda que reinterpreta la cestería Uruhindu mediante estructuras de bambú reforzadas con tiras recicladas de PET-.


 



 


 

Este gesto introduce una idea clave del diseño contemporáneo: el residuo no es el final de un objeto, sino el inicio de otro ciclo material.

El resultado es una colección de objetos que comparten un mismo principio constructivo pero que nunca son exactamente iguales.

La producción se sitúa así en un territorio híbrido entre serie industrial y pieza artesanal, donde la variación se convierte en parte del valor del objeto.

 

Más allá de la lámpara: el diseño circular

El interés por los materiales reciclados no se limita a proyectos experimentales o piezas de galería.

Cada vez más diseñadores y fabricantes exploran nuevas posibilidades para reutilizar plásticos, metales o residuos industriales en la producción de mobiliario y objetos domésticos.


Sillas fabricadas con plástico recuperado, estructuras impresas en 3D a partir de residuos o composites derivados de botellas recicladas forman parte de un campo emergente: la nueva materialidad del diseño circular.

En este contexto, el residuo deja de ser un problema para convertirse en materia prima de la innovación.

 

Diseño, mercado y viabilidad

El diseño sostenible suele enfrentarse a una pregunta inevitable: ¿puede ser económicamente viable?

Paradójicamente, el material reciclado no siempre reduce el coste final del producto. En muchos casos, el factor determinante es la mano de obra especializada y el tiempo necesario para los procesos artesanales.

Por esta razón, proyectos como PET Lamp suelen posicionarse en un mercado de diseño contemporáneo o colección, donde el valor del objeto no reside únicamente en su función.

Lo que el usuario adquiere no es solo una lámpara, sino también una historia: reutilización de materiales, preservación de técnicas artesanales, colaboración cultural entre territorios, diseño contemporáneo con impacto social.

 

Repensar el objeto

Quizá el verdadero interés de estos proyectos no radica únicamente en su estética o en su proceso productivo. Su aportación más relevante es conceptual.

Durante gran parte del siglo XX, el diseño industrial se centró en producir más objetos, más rápido y a menor coste.

El diseño contemporáneo empieza a plantear otra pregunta: ¿qué tipo de objetos merece la pena producir?

En esta nueva perspectiva, el diseñador deja de ser únicamente un creador de formas, se convierte también en un mediador entre materiales, territorios, cultura y sostenibilidad.

Y quizá ahí resida el verdadero potencial del diseño sostenible: no sólo reciclar objetos, sino repensar el sistema que los produce.

 

En un momento histórico donde la sostenibilidad se reclama y pocas veces se practica con decisión. Proyectos como PET Lamp muestran que el verdadero diseño sostenible no es sólo una cuestión de materiales o procesos productivos, es una ética del hacer que pone en diálogo memoria, cultura y futuro.

 

 

Cuando las piezas encajan. Mi visión del diseño desde mi nueva realidad

Recupero este blog para compartir cómo mi mirada sobre el diseño ha evolucionado: materiales, procesos, sostenibilidad y la relación entre tradición y contemporaneidad.

Hay textos que no se escriben para ser leídos, se escriben para entender en qué punto estás.

En 2012 publiqué la primera entrada de este blog. No había estrategia, ni posicionamiento, ni una línea editorial clara. Sólo una necesidad: mantenerme cerca del diseño en un momento en el que, profesionalmente, me sentía desconectada.

Hablaba de incertidumbre, de una formación amplia pero difusa, de esa sensación de ser “aprendiz de todo, maestro de nada”. Y, sobre todo, de la necesidad de seguir vinculada a aquello que realmente me interesaba.

Han pasado años.

Hoy vuelvo a este mismo espacio desde otro lugar. Con más experiencia, más criterio… y también con nuevas preguntas.

El diseño ya no me interesa solo como disciplina, sino como sistema: materiales, procesos, sostenibilidad, contexto, impacto.

Este blog retoma ahora su recorrido con esa mirada. No como un archivo de ideas, sino como un espacio para pensar el diseño desde la materialidad y su relación con la arquitectura, el hospitality y la cultura contemporánea.

Recupero aquella primera entrada no como un punto de partida, sino como un recordatorio. A veces no se trata de empezar de nuevo, sino de continuar con más conciencia.

https://amalgamadediseno.blogspot.com/2012/06/el-porque-de-mi-blog.html


martes, 6 de mayo de 2014

Jardín colgante

Acabo de recordar un producto pensado para la disposición de las plantas, unas macetas invertidas que cuelgan de los techos o de soportes…


Diseñado por Patrick Morris en 2009, este curioso producto es resultado del proyecto final de carrera en Saint Martins College of Art donde cursó estudios de cerámica. Ahora es distribuido por la empresa BOSKKE, gestionada por él mismo junto con su hermano Jake Morris y su amigo Ross Stevenson. Sky Planter es una original solución para experimentar y recrear paisajes verdes en espacios reducidos, o como recurso estético en hogares o en contract.

No quisiera quitarle mérito, sobretodo si obtuvo un premio, el Red Dot Award en 2011; pero, ¿es una alternativa o una antinatural solución con respecto a su análogo en función, la maceta tradicional?

La revista DEPARTURES hace mención a este producto considerándolo entre los "Top Ten Garden Trends for 2014" como soporte novedoso y sostenible. También hace referencia a un aumento de jardines en nuestros hogares que, por falta de espacio, necesitamos recurrir a alternativas como Sky Planter o jardines verticales (a los que me gustaría dedicarles un post más adelante...); y a un aumento del cultivo alternativo y/o ecológico en nuestros hogares.

En 2012 el estudio del diseñador y arquitecto Omer Arbel lanzó 38, lámpara escultórica creada con esferas de vidrio soplado cuyas cavidades permiten la ubicación de tierra con plantas, además de bombillas cuyo cableado pasa por los tubos de cobre que construyen la estructura. Su fabricante es BOCCI.


También en 2012, VERDE PROFILO lanza la lámpara Orto Volante Suspension Lamp, diseñada por De-Signum | Studio Lab.


El diseñador Ryan Taylor, estudio de diseño Push, presenta en el Gladstone GROW-OP de 2013 la lámpara Babylon Light, distribuido por ONI PROJECTS.


Estos son algunos de los ejemplos que he encontrado, podríamos decir que la tendencia nos lleva hacia un intento de recrear entornos verdes en nuestras casas y en lugares públicos. Las ciudades crecen en detrimento de zonas verdes. El ser humano parece que está aplicando su propia ley ante la naturaleza, los edificios invaden la Tierra; así pues, llevemos la naturaleza a nuestras casas, casi como un sentimiento nostálgico hacia lo rural, lo auténtico, lo natural.

Como anteriormente he nombrado, en este post sólo enumero ejemplos "colgantes" en los que se incorporan las plantas; deberíamos añadir soluciones verticales que invaden nuestras paredes... 

miércoles, 30 de abril de 2014

Barbacoa portátil

Para aquellos que les gusta disfrutar al aire libre, en casa, en la terraza o en el balcón. Para quienes valoran y aprecian las conversaciones entre fogones, durante la comida o cena, para los del "buen comer", para los más comedidos; la excusa perfecta para escapadas a cualquier parte, o a ningún sitio, simplemente, para disfrutar en familia, de la pareja, o con amigos.

El estudio de diseño Mermelada Studio ha reinventado el concepto barbacoa; ha diseñado un producto con estilismo, innovador y funcional, Mon Oncle (producido por RS Barcelona). Inspirado en una maleta vintage, cuida cada detalle en sus acabados ofreciendo estilo y personalidad que, además, es de fácil limpieza, transporte y almacenaje. 



Soluciones para absorber el ruido

¿Decoración funcional? Sí, a pesar de muchos, es posible.

La necesidad de reducción de ruido ambiental da comienzo en oficinas o lugares públicos donde es solucionado mediante paneles verticales, revestimientos o con falsos techos. Existen numerosas soluciones para reducir el ruido de una estancia o sala, paneles que requieren de mayor o menor instalación, soluciones para revestir las paredes que, no siempre, son decorativas.

Poco a poco el concepto de oficina ha evolucionado hacia estancias diáfanas, jerarquías horizontales, en las que aumenta el ruido ambiental. Además, se ha instaurado en la oficina una mayor importancia al entorno, a la creación de ambientes alejados del concepto "oficina meramente funcional", hacia una "oficina contemporánea", donde la ergonomía y el diseño de espacios eficientes y agradables son muy importantes. Con ello, la búsqueda de soluciones para la absorción de ruido ha evolucionado hacia conceptos no meramente funcionales, si no también estéticos. Así pues, podemos encontrar soluciones decorativas para las paredes de nuestra oficina extrapolables a nuestro hogar que, además, nos confieran la función de absorbente acústico.

STUA - Satellite
diseño Jon Gasca, 2011



SANCAL - Tea
diseño Estudihac, 2011



BUZZISPACE - BuzziTile3D
diseño Sas Adrianenssens, 2013


BLA STATION - Ginkgo
diseño Stone Designs, 2014